Cuando era pequeña vivía en un barrio normal, era un barrio ni muy muy, ni tan tan… Con los chicos del barrio no sabíamos lo que era estar quietos y en casa; las bicis, nuestras aliadas incansables, nos llevaban para un sitio y para el otro, hasta que comenzaba a anochecer y todos teníamos que hacer acto de presencia en casa para evitar el castigo materno. La hora límite era las 8 de la noche. Y al otro día la escena se repetía invariablemente, cuando aparecía uno de los chicos en la puerta y te decía “¿Vamos a la plaza?”… así empezaba el viaje diario que nos llevaría de la plaza al quiosco de chuches, del quiosco a la puerta del club del barrio, desde allí… ¡quién sabe dónde!

Ahora que soy adulta, vivo en una ciudad que también tiene una plaza, La Monumental. Mis amigos actuales y yo tampoco sabemos quedarnos quietos y en casa; por eso hemos decidido ir a la Manifestación Antitaurina del 17 de junio en Barcelona, desde las 4 de la tarde y hasta que comience a anochecer. En este caso todos haremos acto de presencia para evitar el castigo de tener que vivir en una ciudad en la que se permite que se torturen hasta la muerte a unos toros que, debilitados y aturdidos, viven como protagonistas involuntarios el horror de una muerte dolorosa, sangrienta y criminal. Por eso, hoy estoy aquí, golpeando la puerta de tu casa para invitarte, ¿vamos a la plaza? Salimos desde el monumento de Colón de las Ramblas a las 4 de la tarde, el 17 de junio, en Barcelona… de esta forma podemos empezar un nuevo camino, un viaje en bici, a pie, en triciclo, desde Las Ramblas a La Monumental, y desde allí hacia una ciudad que, tal vez, al día siguiente se despierte más justa y más evolucionada que nunca, y en la que nunca más se vuelva a torturar a un animal mientras la gente paga una entrada para verlo.

En la foto se puede ver al toro llorando, como haría cualquiera de nosotros ante una situación semejante.