La Monumental: la plaza de la vergüenza
Leo la noticia en El País del 16 de enero, y el mal humor se queda instalado en mi cabeza… Después de habernos creído que las corridas de toros en Barcelona se quedaban sin plazas definitivamente, porque la única que está activa arrastra pérdidas económicas, el grupo Balañá (que lleva esta plaza, La Monumental) se reúne con peñas taurinas y se compromete a seguir con las corridas/torturas de toros de forma “indefinida”.
Y, tras analizarlo, veo qué es exactamente lo que me molesta: me molesta profundamente que me tomen el pelo.
Hagamos un pequeño flashback en nuestra historia reciente; recuerdo cuando el PP gobernaba y defendía la tesis alocada de que en Irak se escondían armas de destrucción masiva. Todos salimos a la calle para hacerle saber a Aznar y su tupé, que no estábamos de acuerdo. ¿Y qué pasó? Pues que a la guerra se fue igual, sin importar lo que dijera la gente; los ciudadanos que gentilmente y con sus votos habían elegido a sus representantes, de pronto no estaban representados por nadie.
Pues ahora me siento igual. En el caso de los toros, no se han hecho manifestaciones masivas, pero todos bien sabemos que existen muchas campañas en España que recogen firmas para pedir al gobierno que prohíba, de una vez por todas, las corridas de toros. Ya se han recogido más firmas, que ciudadanos participaron en las manifestaciones contra la guerra de Irak.
Es más: en Barcelona, por ejemplo, La Monumental da pérdidas… ¿no es esto, acaso, indicador de que la gente no se siente atraída por presenciar corridas de toros?
Pero, al parecer, el requisito de todo gobernante es que, para serlo, en el momento de asumir el cargo es sometido a una operación de oídos para dejarlo completamente sordo.
Sordo ante los pedidos y clamores de sus votantes, los ciudadanos que les pagamos sus sueldos (no dejan de ser trabajadores contratados por nosotros… ¡y que se comportan como si los jefes fueran ellos!), sordos ante la evolución, sordos ante el sufrimiento de los pobres toros; los mismos toros que, según los taurinos, no sufren tanto como los demás pensamos (sí, me hace acordar, y mucho, a cuando las armas de destrucción masiva sabíamos que no estaban, pero nos seguían insistiendo que sí).
A saber qué extraña presión (y que debe haber sido muy fuerte para un mes después de decidir que cerraba la plaza por pérdidas económicas, decidiera seguir con esta actividad de forma indefinida) ejercieron los taurinos sobre la gente del grupo Balañá; lo que sí se sabe es que si las corridas de toros estuvieran ya prohibidas, esta vuelta atrás en una decisión ya tomada no se hubiera producido. Es decir: si nuestros políticos nos representaran de verdad, los taurinos no se hubieran reunido con Balañá. Y me asalta otra duda: ¿por qué los anti-taurinos no pedimos también una cita con este grupo empresarial? Alguien tendrá que hablar por los toros, que no son los únicos perjudicados con esta decisión: nuestra sociedad también sale dañada, y mucho, en sus principios morales, en su imagen y en su evolución; es decir, en su esencia.
PD: en las próximas elecciones municipales de mayo/2007 tendremos una gran oportunidad de cambiar a los “empleados” que votamos antes. Es hora de renovarlo todo… ¿no creen?

Davichof dijo
Pues si es una vegüenza Laale si. Además, lo que describes tiene un cariz, como si tuvieran una mafia montada allí con las peñas taurinas, los políticos, no sé...Muchas veces he pensado que por lo menos cuando luchas por algo, si no lo consigues normalmente, por lo menos, puedes conseguir algo si les tocas los bolsillos, al menos eso hace ceder a toda esta gente sin escúpulos, pero ni con esas. Estamos en un país, de pandereta, de folclóricas y toreros y perece que ellos y su mundo es intocable. ¿Qué no sufren los toros?, que cuente alguien ,que le hayan clavado sólo una banderilla haber que sintió, que siente un animal que se esta desangrando casi desde que entra a la plaza, un animal fuerte y noble al que se humilla, degrada y por supuesto tortura hasta la muerte. Aquí, la gente lleva a los niños, desde pequeños, que vean ese espectáculo bochornoso y la otra mitad de la gente, son grupos de jóvenes que vienen de las ferias del medio día, y ebrios, gritan torero torero, cuando el tío todavía esta en la barrera. Ese es el mundo de los toros. Un abrazo.
19 Enero 2007 | 09:16 PM