¿Volvemos a las andadas?
Decime vos, Barcelona, ¿qué te pasa? ¿Por qué dejas que en tu nombre se cometan tantas idioteces? Yo acá, meta declaraciones de amor y vos me desayunás con estos líos…
¿Te parece bien que los que te queremos no podamos vivir con vos? ¿Quién te enseñó que eso estaba bien? Está bien… perdoname, no quise ser tan dura. Y sí, tenés razón: la culpa no es tuya, es de todos estos especuladores que te quisieron cambiar.
De ciudad llena de encanto y personalidad te transformaron en una especie de parque temático del diseño y la modernidad, y te fueron dejando sin alma. Pero, si vos también me querés (como me decís a veces), escuchame que te quiero contar lo que me pasó para que entiendas por qué estoy tan enojada.
Como la modernidad te fue cambiando, los “inteligentes” de siempre pensaron que también había que cambiar las leyes. Y una de estas leyes me jode especialmente, es la nueva reglamentación de civismo. Al parecer, ser adolescente es a todas luces un acto incívico; y te cuento por qué.
Resulta que sube un adolescente al bus con el skate en la mano, y el chofer empezó a gritarle (sí, ¡a gritarle!):
-¡¡¡Yo a ti y a los que son como tú ya los conozco!!! ¡¡¡A la primera que me hagas te bajo!!!
El pobre pibe se puso colorado, y se sentó mirando al suelo supongo que con ganas de desaparecer. Entonces apoyó el skate a su lado para que se estuviera quietecito, emitiendo un imperceptible “clic”.
Casi se me desplazan todas las vértebras de la frenada que sufrimos a manos de esta bestia de la legalidad que, gritando aún más fuerte, se levantó de su asiento y poniendo su boca junto a la oreja del pibe le gritó:
-¡¡¡TE LO DIJE QUE NO TE METIERAS CONMIGO!!! ¡¡¡ SOIS TODOS UNOS NIÑATOS, UNA ESCORIAAAAAAAA!!!!
Bueno, podría denunciarlo, ¿verdad? Pues no. Porque en abril denuncié a unos guardias de seguridad del metro por agresión a dos menores. Primero los pararon porque sospechaban que no hubieran pagado; los chicos mostraron el ticket y se ve que el tipo se quedó calentito. Empezó a decirles que eran unos payasos, que ya conocía a la gente como ellos (sí, parece que todos conocemos adolescentes); los chicos, calladitos. Llega el metro. El tipo se interpone para que no suban (y ellos habían pagado, ojo). Logran subir en otro vagón. Los persigue. Estura el brazo y le arranca el jersey a uno de ellos (que lo tenía atado al cuello) y lo tira al andén. El pibe se baja y se agacha a recogerlo. Recibe un golpe con la porra en los riñones. Se levanta como puede, y el guardia dice que “si no te vas por las buenas, será por las malas”. Se pone unos guantes de cuero y comienza a estrangularlo. El pibe grita y la gente mira. La bestia suelta a la víctima, pero lo agarra del brazo y lo arrastra hacia fuera. El otro pibito estaba en manos de otro guardia más grandote y con la camiseta rota, hecha jirones.
-Hola mamá, estoy en el metro de Drassanes, vení a buscarme que tengo miedo, por favor.
La historia es más larga, solo decirte Barcelona querida, que desde abril no paramos: abogados, citas con el fiscal de menores (porque, no te lo pierdas, los de seguridad denunciaron por agresión a los chicos), una juez que llega al juicio a las 10:30 de la mañana porque se quedó ¡dormida! Y mientras los chicos diciéndome:
-Mami, ¿vos creés en la justicia?
Y yo sin respuestas…

mitomana dijo
Laale: lo que se ve y lo que no se ve. Lo luminoso y lo podrido. No me quedó en claro. Esos chicos son TUS chicos?
8 Noviembre 2006 | 08:47 PM