Reproduzco aquí el texto de un compañero, Xavier Bayle, dedicado a un personajillo de la cultura catalana que no se cansa de avergonzarnos: Albert Boadella.
“Virgilio aconsejaba hablar bien de los muertos, pero no me da la gana" Albert Vigoleis-Thelen
Li Po decía, hace mucho mucho tiempo que la vejez es un estado del alma. Sospechamos que quería reformular una evidencia que cualquier persona sensible sentía ya incluso desde antes del poeta chino: que la edad de las personas depende de la liviandad de su espíritu, de su capacidad de no hacerla cargar con las liposidades, adiposidades y ventosidades que una fatal lectura del libro de la vida nos adhiere al cuerpo a la mínima que nos descuidamos. Y de grasas -y de arrugas-, va hoy la cosa.
Albertito: te estás haciendo viejo. Antes de que, con graciosa modestia, me escupas que te suda la polla lo que yo diga, te diré que a mí también. No tengo por costumbre tomarme demasiado en serio, tranquilo, no me amo tanto como tú a tí mismo. Si acaso me lo cuentas más tarde, en el infierno, donde nos veremos, tú por lo que te voy a explicar y yo quizás por otras cosas.
Existe un término conocido en el mundo por el nombre inglés de “spanish shame”, la vergüenza española, albertito, y que consiste en la capacidad -endémica de la península, es de especular-, de sentir vergüenza por las patochadas cometidas por otra persona. Siento una honda spanish shame por Albertito Boadella.
No es raro que las taurófobas y las taurinas no nos entendamos, no en vano, aunque parezcamos coetáneas nos llevamos unos cien años de diferencia: los cincuenta que las taurinas -las defensoras de los toros vivos- llevamos de adelanto ético con respecto al desarrollo de la obesa sociedad actual, y los cincuenta que las taurófobas -las que aman masacrar toros y quién sabe qué más- llevan de retraso moral. ¿ Las taurófobas son unas retrasadas ?: sí, algo de eso hay, los márgenes los pone cada una, claro está, aunque, por las apariencias, no parecen los toreros y aficionadas a los toros, así en conjunto, muy espaviladas, no. Tradicionalmente, las personas toreras eran aunténticas cenutrias, semianalfabetas o analfabetas completas. Y no quiero decir que carecer de estudios mínimos sea deplorable, pero pretender cubrir vacantes de personas modelo en la sociedad no sabiendo ni sumar, pues qué quiere que le diga: decía y dice mucho de la sociedad de la que estamos tan orgullosas.
Pudiéndote haber dedicado, Albertito Boadella, a disimular tu anorexia emocional con la gracia con que denuncias no sin cierta razón el imperialismo catalán, o con la que te caracterizó en los años previos a la transición para denunciar el fascismo, has decidido que no, que tenías que hacer el numerito final, en plan CamilojoseceliANO ( él se lo marcó con la chófer negra ), de alardear tus dotes para el pensamiento sensitivo ( ralas hasta el hueso ), tenías que anunciar que te mueres, que envejeces mal y atufas a naftalina de un modo grosero para con la belleza y la vida. Albertito Boadella:jamás fuiste y jamás serás Tadeusz Kantor, acéptalo o sufrirás mucho.
Porque hay que sufrir de lo lindo para desovillar tantas sandeces sobre toreo, mataores, monosabios, peinetas, mantillas, burladeros, ritos endémicos, fragorosas pasiones rojigualdas, ancestrales batallas y memeces de magnitud tan residual, más propias de infradotadas que de personas con algo eléctrico entre circunvolución y circunvolución, con algo interesante entre sístole y diástole. Alguien que no alimente el mito de las razas superiores o las especies superiores, de la superioridad, en resumen, que nutres tú, albertet del meu cor, fomentando el especismo con la misma seriedad y capacidad de tomarse en serio que tenía el faraón ante sus esclavos. Con la misma estupidez moral.
¿Eres el mismo albertito que se pavoneaba de ser anarquista y mentaba a su señor padre como un gran obrero anarquista, abanderando la razón libertaria y que no vaciló en presentarse en comicios electorales hace poco, obteniendo montones de votos de fachas y fomentando las tensiones autonómicas, a las que tanto tiempo Franco y Aznarín dedicaron? Debe ser lo que tienen las anarquistas de salón, que son muy cumplidoras. Y muestran las dos caras de su peseta. O acaso el mundo del toreo carece de cara oscura, porque las dos son opacas, sucias, humanas.
Jamás podrás comprender las razones de las taurinas, de las que amamos los toros y cuanto bicho se menée, porque son también emocionales. La neurona marca declive, albertito, déjalo estar. Vete entrenando para el lanzamiento de petanca, que pronto serán los campeonatos del barrio y hay piruletas de premio. O acaso pudieras, antes de hacer más y más (y más y más) el espantoso ridículo hacia el cual te decantas, recapacitar y asumir que sí existen millones de relaciones entre el animal humano y el resto de la fauna. Millones, albertito, millones; y que no tener ni puta idea de etología o biológía no es vergonzoso, pero fantasmear con el discurso exoesquelético que blandes acerca de hacerte pasar por discípula de Lorenz en defensa del asesinato masivo de animales en ágora es patético, espeluznante, repulsivo.
La obra artística desluce ante la catadura moral de quien la proyectó. Al mismo tiempo ser artista no implica poseer un código moral superior. Hitler pintaba acuarelas, albertito. Eso para cuando sales con “tu arte” a pasear...
En un país donde su rey bien pudiera ser acusado de vínculos con banda armada -que es lo que es el ejército, al fin y al cabo-, la persona animalista, albertito de mi vida, no insulta por insultar, insulta con corazón, con entrañas, con alma liviana y con razón emocional. Insulta como insultarías tú a cualquiera que quisiera destruir lo que amas ( doy por supuesto que algo tienes que amar, no todo va a ser desierto calizo en tu órgano cardíaco ), insulta a quien mata porque no sabe vivir de otro modo, y vive matando y muriendo, porque le va la baba, y la emulsión biliar y porque reza en un nauseabundo altar de muerte y evisceración, pespuntándolo de florinatas polícromas, aceitosas lentejuelas y pastosos pasodobles. La animalista insulta la vejez de las decrépitas, de las que asisten al anfiteatro como a una auténtica fiesta de muertos vivientes, albertito, que asistís a las plazas creyendo que se va a rodar la segunda parte de thriller a ver si salís en el clip. Las taurófobas sois auténticos cuerpos muertos, panzudos lastres semovientes que la sociedad arrastra como arrastra tantas y tantas cosas en su penoso avanzar, y que por eso va tan lenta hacia la igualdad, la libertad, la belleza.
Y que acabaréis, como acabaremos todas, en el mar, que es el morir.
Dale un poco de dignidad a tu senectud, dale una oportunidad a la historia para que te otorgue algo por lo cual respetarte.
Xavier Bayle